T4E4 – ¿Cómo saber si eres parte de una SECTA?
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Cuando hacía parte del movimiento Pueblo Nación Muisca-Chibcha en Bogotá, por allá en 2011, escuché por primera vez las acusaciones que con frecuencia se hacían de que mi comunidad de trabajo espiritual y resignificación ancestral Muisca, era una secta. El denunciante era un joven miembro del cabildo Muisca de Suba, quien en un video que publicó en Facebook, señalaba al abuelo Suagagua, usando su nombre legal, Sigifredo Niño, como líder de lo que, según él, era una secta gnóstica disfrazada de comunidad Indígena.

En su diatriba, el muchacho de cabello largo y rasgos indígenas, decía que el susodicho señor Niño, no era un verdadero indígena y que sus enseñanzas no reflejaban los usos y costumbres tradicionales del pueblo Muisca. Yo llevaba un poco más de un año frecuentando al abuelo Suagagua y su esposa, participando en las actividades de la comunidad y departiendo con otros miembros. También conocía el concepto de secta y no me parecía que hubiese nada en mi comunidad Muisca que se pudiera considerar sectario o fanático y mucho menos que los miembros de la organización fuéramos manipulados de alguna forma, por ninguno de los abuelos que conocía.

Desde luego, descarté las acusaciones del muchacho de Suba, entendiéndolas como uno de los tantos ataques que el abuelo Suagagua injustificadamente recibía, probablemente por envidia de su prominencia en los medios y capacidad de convocatoria, sin par entre los círculos ancestralistas de Bogotá por esa época.

El propio abuelo Suagagua me había advertido que los miembros de los otros cabildos muiscas del territorio estaban en su contra, después del fracaso de varios intentos de integración de los cabildos muiscas de la ciudad. Según el abuelo, los otros cabildos se habían olvidado de la parte espiritual de la tradición indígena y se enfocaban era en pelear por los recursos económicos que el Gobierno destinaba a la protección de cabildos reconocidos.

La verdad es que nunca me acerqué a ninguno de esos grupos detractores del Pueblo Nación Muisca-Chibcha y en retrospectiva, considero que habría sido interesante escuchar sus argumentos y tratar de discernir la razón por la cual el abuelo Suagagua y su proceso tenían tantos malquerientes. De haberlo hecho, tal vez habría podido notar ciertos comportamientos no solo del abuelo Suagagua sino de otros miembros del Consejo de Ancianos, así como peculiaridades de nuestra comunidad, que si bien, aún creo que no podrían considerarse una secta propiamente dicha, sí que tenían muchos puntos en común con la definición más frecuente de una secta destructiva.

Cultos y Sectas

Aquí nuevamente nos enfrentamos con el problema de tener que etiquetar manifestaciones humanas, en este caso colectivas, que no han sido oficialmente definidas por alguna organización internacional; manifestaciones que, además, pueden expresarse en todo un espectro de niveles de fanatismo y manipulación, desde inocentes subgrupos religiosos hasta peligrosos grupos de fanáticos sociópatas.

De todas formas, trataré de darle un poco de forma a los conceptos diferenciando aquellos que si bien, puede que no sean especialmente provechosos para la búsqueda espiritual, tampoco resultan particularmente peligrosos, de los que si tenemos que aprender a reconocer para evitar a toda costa caer en sus garras.

La primera distinción que habría que hacer es la de secta y culto. En inglés, esta distinción es más fácil porque la palabra cult se utiliza exclusivamente para referirse a lo que en español entendemos como secta, mientras que utilizan la palabra sect para referirse a lo que nosotros mal llamamos secta. Me explico: una secta es simplemente un subgrupo o derivación de un grupo religioso, que generalmente por motivos doctrinales o a veces normativos, se separa y adopta una denominación propia. Ejemplos de sectas serían los Judíos Ortodoxos, los Saktis hinduistas, los Bautistas Cristianos o los Sunnís musulmanes.

Todos estas son sub-grupos de las religiones grandes de las que surgieron, pero ninguna de ellas es considerada peligrosa ni destructiva. En cambio, los cultos, que son lo que usualmente llamamos secta, sí tiene siempre una connotación negativa, excepto cuando se usa para referirse a la excesiva reverencia a algo en particular, por ejemplo, cuando decimos “culto a la belleza’ o “culto al sol en las comunidades amerindias”.

Los cultos, por lo tanto, son el objetivo central de mi análisis, pero a partir de aquí me referiré a ellos llamándolos sectas, porque esa es la forma en la que se conocen en español, aunque quise hacer la aclaración para evitar confusiones.

¿Qué es una secta?

Existen muchas definiciones para el concepto de secta, en el contexto que estamos abordando. Una definición que aporta Wikipedia proviene del psicólogo Michael Lagone quien dice que se trata de un “grupo o movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las metas del líder del grupo; trayendo como consecuencias actuales o posibles, el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general.”

Esto es un poco general y por eso expertos que trabajan desprogramando a víctimas de sectas han creado marcos de referencia para identificar y denunciar los miles de sectas que hay en todo el mundo. Es el caso del psicólogo forense Steve Eichel quien calcula que sólo en Estados Unidos hay más de 10,000 sectas peligrosas.

Este mismo psicólogo ha compartido las pautas para identificar una secta y lo que voy a hacer es utilizar el modelo de Eichel para determinar si la comunidad Muisca a la que pertenecí y el movimiento Gnóstico fundado por Samael Aun Weor pueden considerarse sectas. Ojo: no estoy diciendo de antemano que estos grupos sean o no una secta, simplemente quiero aplicar el modelo de Eichel para hacer un análisis lo más objetivo posible y luego llegar a algunas conclusiones.

Tamaño

Una secta puede ser de cualquier tamaño, desde un puñado de personas hasta una religión global. Si en un grupo de amigos se identifican las características que vamos a ver en los siguientes puntos, podría considerarse una secta. Por otra parte, la religión de los Testigos de Jehová es para muchos también una secta, a pesar de tratarse de una organización de casi nueve millones de miembros y presente casi todos los países del mundo. Sobra decir que para que una organización se considere una secta, no hay necesidad de que todos los miembros se conozcan o que estén físicamente reunidos en un solo lugar. Por lo tanto, mi comunidad Muisca y la Gnosis, pueden seguir concursando por la medalla de secta de Espiritualidad y Ciencia.

Presión

Eichel dice “Ten cuidado con cualquier tipo de presión. Ese es probablemente el consejo más importante que puedo dar a cualquiera. Cualquier tipo de presión para tomar una decisión rápida sobre involucrarse en cualquier tipo intensivo de actividad u organización”

Hay muchos tipos de presión, pero todos actúan sobre la parte emocional del individuo. Puede tratarse de coerción como la extorsión o el engaño, que es cuando se promete algo totalmente distinto a lo que en realidad se va a recibir una vez vinculado, o la persuasión a través del miedo al estilo: “si no te unes a este grupo, tu vida va a seguir girando sin sentido”, “Esta es la única forma de resolver tus problemas” o “Por el camino que vas, vas directo a la muerte, a no ser que te refugies aquí”.

También hay presión positiva, que apela a la curiosidad, la ambición o el anhelo. Este es el tipo de presión que experimenté en la comunidad Muisca. Cuando busqué al abuelo Suagagua por primera vez, tenía mil preguntas después de todo lo que experimenté en mi primera ceremonia de Ayahuasca. El abuelo habría podido darme las respuestas que conocía esa noche, pero en cambio decidió apelar a mi curiosidad. Me dijo que yo tenía una misión allí y que lo que había visto en el Yagé no era sino el inicio de todo lo que podría encontrar en el camino del tabaco y la rueda de la medicina ancestral. La presión es sutil pero real así que le voy a dar 2 estrellitas a los Muiscas en esta categoría.

No estoy diciendo que la intención del abuelo haya sido maligna. Yo mismo hice exactamente la misma promesa más de una vez a personas que buscaban en mí una respuesta y yo genuinamente creía que si los invitaba a mi camino, les abriría la posibilidad de encontrar las respuestas que yo creía haber encontrado. Y esto es algo importante con respecto a las sectas, es posible e incluso común que una secta tenga una intención benigna y que sus líderes de verdad crean que están ayudando a sus miembros, sin embargo, lo que le da al grupo su carácter de secta no es la intención sino los métodos y los resultados.

La Gnosis Samaeliana, tal como lo han experimentado quienes hemos acudido a ella, por una parte, promete un sinfín de beneficios materiales y espirituales, y por la otra amenaza con nada menos que la segunda muerte o la muerte del alma, si no se practican los confusos, contradictorios y a veces peligrosos preceptos que definió Samael Aun Weor en su interminable lista de libros y conferencias.

La regla general es que, si sientes presión de cualquier tipo para vincularte a un grupo, lo más seguro es que no hay nada bueno para ti en ese lugar. Las organizaciones que estudian, cultivan y promueven conocimiento real en cualquier campo, no solamente se abstienen de ejercer cualquier tipo de presión, sino que generalmente restringen el acceso para asegurarse que sus miembros cumplan ciertos requisitos. Pensemos en universidades, grupos de lectura, ONGs, clubes e incluso los grupos esotéricos y masonerías tradicionales tienen requisitos de ingreso estrictos.

Líderes

Uno de los puntos más importantes a observar para reconocer a una secta, es si se le atribuyen capacidades o características sobrenaturales a la persona que lidera la organización. Obviamente, la gran mayoría de las religiones y cultos reverencia o adora a uno o más seres divinos, pero usualmente esas deidades se perciben como inmateriales, energía o seres Espirituales que habitan otro nivel de existencia.

El problema es cuando el ser humano que fundó la religión o la persona que lidera el grupo se proclama como divinidad él mismo (porque casi siempre es un hombre), o declara tener poderes sobrenaturales como profecía, curación mágica, inmortalidad o todo lo anterior.

Esto es algo que hasta hace un tiempo no era exclusivo de las sectas, casi todas las religiones tenían a la cabeza a una persona -igual, casi siempre un hombre- que decía tener poderes sobrehumanos. En la religión católica, por ejemplo, se decía que el Papa era infalible y que por lo tanto no podía equivocarse mientras estuviera en su cargo. Hoy en día la iglesia mantiene ese dogma, pero el Papa Francisco dijo en 2016 que él no era infalible, aunque no negó que la infalibilidad papal existiera, sólo que “funcionaba” cuando el papa hacía una declaración excathedra, algo que, según dijo entonces, nunca hará.

Excathedra es una expresión en latín que significa “desde la silla”, que significa hacer una declaración acudiendo a la posición o autoridad que se tiene; algo así como cuando un papá dice “es así porque lo digo yo”. Pues ese mismo argumento lo utilizan muchos líderes de secta para separar su dimensión humana de una supuesta manifestación divina que canalizan en momentos clave, usualmente cuando quieren impartir alguna doctrina que requiera que los miembros de la comunidad tomen al pie de la letra sin cuestionar ni criticar.

Recuerdo que, con los Muiscas, los abuelos llamaban a este proceso “hablar desde el Espíritu” o “la palabra del abuelo interno”. Muchas veces, durante las mambias o ceremonias de la comunidad, generalmente bien entrada la noche, alguno de los abuelos cambiaba el tono de voz, haciéndolo más profundo, pausado y empezaba a decir cosas que supuestamente no provenían de su lado humano sino del espíritu ancestral que decían encarnar.

El abuelo Nemequene, por ejemplo, teniendo apenas algo más de 70 años, cambiaba su voz por una que lo hacía parecer un anciano de más de noventa. En ese momento, los miembros de la comunidad que estuvieran a su lado hacían un silencio reverencial y escuchaban atentamente lo que esperarían sería una tremenda revelación mística llena de sabiduría.

Yo la verdad dejé de creer en ese performance después de un par de veces de ver a la abuela Yanguma y al abuelo Nemequene encarnar a sus supuestos abuelos espirituales. La abuela tenía la costumbre de empezar a hablar supuestamente en la lengua ancestral de la abuela, pero lo que en realidad hacía era parlotear fonemas sin sentido ni estructura, más o menos como cuando uno juega a hablar chino sin tener la menor idea.

A pesar de que el muiskubum, que era la lengua ancestral de los muiscas, se considera extinta, hay suficientes registros escritos para saber cómo sonaba y se estructuraba, con lo cual la Universidad Nacional y otras instituciones colombianas han construido incluso diccionarios de la lengua muisca. De tal forma que la actuación de la abuela a duras penas lograba convencer a los más crédulos. Incluso otros abuelos en privado reconocían que lo de la abuela era un performance, a pesar de pretender que sus propias “posesiones ancestrales” sí eran genuinas.

Lo peligroso de la “palabra de los abuelos” era que, durante esos trances, los abuelos hacían juicios de valor que muchas veces expresaban prejuicios y sesgos como homofobia, machismo e incluso racismo. Con frecuencia aprovechaban para aconsejar a los jóvenes sobre decisiones importantes o sembrar semillas para manipulación futura, diciendo cosas como “tienes una tarea importante que realizar aquí, pero tienes que prometerme tu lealtad” o “en otra vida tú fuiste mi mujer”.

Esto último se lo escuché decir a un abuelo septuagenario, dirigiéndose a una chica de apenas 20 años, quien un par de años más tarde dijo estar perdidamente enamorada de él…

La Gnosis Samaeliana, desde sus comienzos ha girado alrededor de la supuesta divinidad de su fundador Samael Aun Weor. En vida se le consideraba un mesías, encarnación de Dios, espíritu regente del planeta Marte, infalible e inmortal. Luego de su muerte, sus seguidores esperaban que resucitara al tercer día y hay quienes todavía esperan su regreso.

Hoy en día, muchos grupos gnósticos y derivados de la gnosis, siguen usando la imagen de Samael como una presencia invisible para manipular a sus seguidores, pero en algunos casos, los “sacerdotes” o líderes de grupos gnósticos individuales, proclaman tener poderes derivados de su nivel de iniciación para ejercer control sobre los miembros de la comunidad.

En cierto modo, la peligrosidad de la secta depende de qué tan peligroso sea su líder y en ese sentido, lo más crítico son las motivaciones, valores y escrúpulos que tenga. En el caso de los abuelos muiscas que conocí, creo que sus intenciones en general no eran malas. Creían en su doctrina y en ayudar a las personas, pero también en la necesidad de manipularlos para asegurar su cooperación en los negocios que mantenían.

Lo más grave fueron los casos de romances entre abuelos y mujeres de la comunidad, en los cuales, a pesar de ser aparentemente consentidos, yo creo que reflejaban esa manipulación psicológica. Un caso famoso y bastante grave de este fenómeno fue el que llegó a los juzgados en Colombia y que llevó a la cárcel al “taita” Orlando Gaitán, quien violó a por lo menos seis mujeres de la comunidad Carare, de la cuál era su líder.

En el mundo, las historias más macabras sobre sectas están conectadas con la psicopatía de sus líderes, como el caso de Jim Jones cuyos 900 seguidores protagonizaron el suicidio masivo más numeroso de la historia. Charles Manson también famoso por su crueldad y la cantidad de crímenes que él y su grupo protagonizaron y el grupo de David Koresh que se enfrentó a tiros con el FBI, lo cual terminó con su muerte y la de 76 de sus seguidores.

En todos estos casos, el líder se proclamaba un nuevo mesías y poco a poco fue cooptando la voluntad de sus seguidores hasta controlarlos por completo. Podrías pensar que ese tipo de manipulación solo puede afectar a personas muy débiles emocionalmente o demasiado crédulas, pero no es así. La facultad de idealizar líderes y seguirlos hasta extremos impensables no es una falla sino una característica de la mente humana.

Es una capacidad que la evolución nos ha dado para permitir organizarnos y cooperar en grandes números. Si todos los seres humanos tuviéramos la capacidad de resistir a los líderes tóxicos y ser completamente independientes, sería muy difícil lograr estructurar gobiernos, ejércitos e incluso empresas.

Piensa en todas las veces que has excusado a tu candidato favorito por un error por el que habrías sido implacable con su opositor. Piensa en todas las veces que has hecho algo que considerabas injusto o cuestionable porque tu jefe te lo pidió o las veces que has considerado como necesarios los crímenes del ejército de tu país o del lado “bueno” de una guerra, con tal de acabar con la maldad del bando contrario. Recuerda que, para las personas de bien de ese bando, su causa era la justa y la tuya, la que había que destruir.

Exclusividad y Secretismo

Otra característica de las sectas es que tienen una estructura cerrada de jerarquías concéntricas que promueve el secretismo y fomenta la lealtad a través niveles de iniciación. Esto quiere decir que para ser miembro hay que hacer algún tipo de rito de paso con el cual, los miembros acceden a información privada que no tiene nadie externo a la comunidad.

En muchos casos, dentro de la comunidad hay niveles aún más exclusivos de membresía, que a su vez van dando acceso a información aún más confidencial hasta que se llega a un círculo íntimo alrededor del líder. Un caso famoso de esta estructura es el de la cienciología, que cuenta con 8 niveles de conocimiento o liberación como ellos los llaman, además de 7 niveles adicionales que supuestamente son secretos y solo pueden ser revelados para quienes lleguen al octavo nivel.

En el caso de la cienciología, para alcanzar cada nivel no sólo hay que demostrar lealtad y el cumplimiento de la doctrina que promueven, sino que además hay que pagar cantidades cada vez más exorbitantes de dinero. Esta es la razón, por la que varias estrellas de Hollywood y multimillonarios han sido particularmente proclives a dejarse seducir por la cienciología, como una forma más de reafirmar su poder y exclusividad.

Ya he contado en otros episodios, sobre mi rito de paso muisca y cómo desde que me vinculé a la comunidad, escuché promesas de conocimientos místicos y revelaciones asombrosas que me esperaban si decidía seguir a los abuelos y prepararme para el rito de paso. Los abuelos hablaban de siete ritos de paso, que luego supe que eran en realidad adaptación de siente iniciaciones gnósticas, adaptadas para parecer antiguos ritos indígenas.

No sorprenderá saber que durante los tres años que anduve con los Muiscas, sólo encontré una y otra vez las mismas promesas vagas de conocimientos místicos que serían revelados en el momento apropiado, para terminar siempre hablando del “maíz biche”, que no es más que la creencia gnóstica, adaptada del tantrismo oriental, de evitar la eyaculación masculina para supuestamente transmutar la energía. ¿Transmutarla en qué? Los gnósticos dicen que se usa para incendiar demonios y construir la propia alma y los muiscas de Pueblo Nación decían que para crear “oro cósmico” para hacer pagamentos y negocios espirituales.

Si los muiscas de Pueblo Nación adaptaron las iniciaciones gnósticas para sus ritos de paso, los gnósticos hicieron lo propio con los niveles iniciáticos de la masonería, en los cuales se basó Samael Aun Weor para sus ceremonias. Dentro de la Gnosis, cada nivel de iniciación supuestamente le otorga al postulante algún poder sobrenatural. El primero de ellos es el llamado “viaje astral”, que no es otra cosa que sueños lúcidos, los cuales, aunque poco comunes, pueden ser logrados por cualquier persona con la técnica adecuada y un poco de práctica.

Cuando alguien que no sabe esto, tiene por primera vez un sueño lúcido, luego de entrar en la gnosis, puede creer que esa experiencia es una evidencia de que todo lo que promete la Gnosis es cierto y que acaba de tener su primera experiencia real en el mundo espiritual. Con ese precedente, el aprendiz gnóstico usualmente redobla su lealtad al grupo, al líder y la doctrina y sigue entregando cada vez más de su voluntad y su vida a la Gnosis esperando pacientemente el momento de recibir los otros poderes que prometen los textos de Samael Aun Weor: telepatía, clarividencia o hasta bilocación (estar en dos lugares al mismo tiempo) y hacer viajes astrales con el cuerpo físico, algo que ellos llaman viajar en estado de Jinas. De más esta decir que esos poderes nunca llegan y te puedo asegurar que si alguien te jura que ha tenido esas experiencias, te está mintiendo.

Desconexión del Mundo

Otro aspecto peligroso de las sectas, y a la vez criterio clave para que te des cuenta si algún grupo es una secta, es que, de forma directa o sutil, trata de desconectarte del mundo, particularmente de las personas más cercanas a ti: tu familia y tus amigos. Partiendo de la práctica del secretismo y la estructura jerárquica de las sectas, el miembro se va sintiendo cada vez más especial, diferente de la gente “normal” y más parte de la secta que del mundo ordinario.

Los líderes de las sectas usualmente refuerzan esta idea diciéndole al iniciado que cada vez va a sentirse menos comprendido, que la gente “de afuera” vive dormida y que sin querer pueden empujarlo al pecado o a condenarse. Algo común es que le advierten como si fuera una premonición que se prepare porque su familia va a atacar sus creencias y decirle que lo están manipulando, que es una secta y que todo eso será una prueba para que el iniciado demuestre su valor y se haga merecedor de las iniciaciones posteriores.

La familia de alguien que está en una secta con frecuencia comete el error de confirmar esas profecías – que luego se da uno cuenta que eran obvias – haciendo exactamente lo que el líder le advirtió al miembro de su familia. Con frecuencia recibo correos y contacto de familiares de personas que se encuentran en la gnosis que me comparten la preocupación que sienten por el comportamiento y aparente obsesión de su familiar con el grupo gnóstico.

En todos esos casos, lo que yo aconsejo es evitar la tentación de criticar la doctrina o al líder y en cambio mantener la confianza de la persona, incluso fingiendo interés por el tema, con el objetivo de evitar que la víctima se aleje de sus seres queridos y empiece a esconder lo que está pasando. Esto puede ser algo muy difícil de hacer, pero cuando una persona está siendo cooptada por una secta, hay que entender que un ataque a sus creencias se convierte en un ataque personal y te convierte en un agente del mal, un enemigo de su proceso espiritual.

Es como cuando un ser querido se involucra sentimentalmente con una persona tóxica o violenta. Muchas familias cometen el error de culpar a la víctima por su “estupidez” o ingenuidad y terminan empujándola a los brazos de su verdugo, a veces forzando un matrimonio o un alejamiento de la familia. Lo más indicado es proteger la confianza de la persona y tratar de estar enterados hasta donde sea posible de lo que sucede en todo momento.

Cuando una secta logra desconectar a la víctima de su círculo social, generalmente el paso siguiente consiste en el redoblamiento de la explotación o el abuso que se estuviera gestando hasta ese momento. Una vez eliminado el riesgo de que la persona sea disuadida de continuar en el grupo, es fácil convertirla en esclava, usualmente realizando trabajos para la secta sin recibir pago alguno, sometiéndola a explotación sexual, sonsacándole su dinero o todo lo anterior.

También solemos ser rápidos en juzgar a la víctima y decir “yo sí no me dejaría explotar así, cómo es posible que no se dé cuenta que la tienen esclavizada o sometido”. Aquí nuevamente hay que comprender que la mente es muy compleja y la percepción de la realidad para los seres humanos se compone de mucho más de lo que nos dicen los sentidos. Todos tenemos un sistema de creencias que también hace parte de nuestra realidad. Para algunos es el honor, para otros sus ideas políticas, para otros la religión o incluso la ciencia. Pregúntate si hay algún ideal por el cual valdría la pena perder la vida: el buen nombre de tu familia, tu país, tu religión o encontrar la vedad… Bueno, la víctima de una secta ha sido engañada, adoctrinada y manipulada por años para pensar que lo más importante de la vida, o incluso más importante que la vida, es entregarse por completo a la secta, o mejor dicho, a la doctrina y prácticas de la secta.

Muchas veces, la persona que está en la secta cree que con su sufrimiento y sacrificios está trabajando no solo por su salvación sino por el bien de su familia e incluso por la redención de toda la humanidad. Cuando lo que está en juego es tan importante, todo pasa a un segundo plano, incluso estar cerca de la familia o comer tres veces al día. No muy diferente en intención a alguien que toma las armas para defender a su país o que se va a vivir ilegal a un país donde no conoce a nadie para buscar un mejor futuro para su familia.

Incluso si la persona eventualmente se cuestiona si tomó la decisión correcta y empieza a reconocer que puede que está siendo explotada, entra en juego la falacia del costo perdido, que es un sesgo mental instintivo en los humanos, que nos hace permanecer en algo que nos hace daño o nos perjudica, porque no queremos perder lo que ya hemos invertido. Esta es la razón por la cual terminas de ver una película que ya empezaste a ver así no te esté gustando nada, para no “perder” el tiempo y dinero que ya gastaste, o seguir invirtiendo en un negocio que sólo te da pérdidas, porque “ya le has metido mucho” o permanecer en una relación tóxica para no perder el tiempo que le has dedicado a esa persona.

Tal vez la secta está absorbiendo tu vida, pero si renuncias ahora, ¿tendrías que reconocer que fuiste idiota y que echaste esos años a la basura? Más bien valora todo el aprendizaje que has ganado y sigue buscando tu felicidad como una persona más sabia y madura.

Volviendo a la realidad

Darse cuenta del engaño, acopiar el valor para dejar atrás la secta y volver a la realidad, a pesar de ser supremamente difícil, es apenas el inicio de un proceso que a veces puede tardar años. El condicionamiento recibido durante años, las amenazas de castigos divinos o tragedias por traicionar al líder y en general una visión mágica de la realidad hacen que los primeros pasos por fuera de la secta sean terriblemente duros.

Incluso sabiendo que uno ha sido engañado o manipulado, el subconsciente está tan cargado de miedos, que uno no puede evitar sentir que se está en peligro constante. En mi caso, el abandono de creencias que me acompañaron por tantos años, me llevó a un ataque de ansiedad, que es un episodio que contaré pronto en este podcast y que tardé algo más de un año en superar por completo.

Existen grupos de ayuda para víctimas de sectas y también es recomendable la asesoría psicológica o psiquiátrica profesional que se necesite para atravesar esta etapa y poder volver a la normalidad. En cualquier caso, la comprensión de la familia, el apoyo de los amigos y la compañía constante a quien se está recuperando de la manipulación, son fundamentales para lograr una sanación completa.

La pregunta que valdría la pena hacerse es si las sectas no deberían ser declaradas ilegales y perseguidas por la ley. Algunos países lo han intentado con legislación anti-sectas que persiguen a las variantes más extremas y peligrosas. El problema es que como dije, algunas sectas se disfrazan de religión, coaching, comunidades ancestrales o clubes y logran pasar bajo el radar por mucho tiempo, hasta que algún hecho trágico capta la atención del público.

En Colombia hay un proyecto de ley sobre organizaciones coercitivas que busca castigar a quienes incurran en acciones que lesionen la integridad de las personas, vulneren su libre albedrío o las sustraigan de sus entornos sociales con fines de explotación y manipulación. La iniciativa es un paso en la dirección correcta, aunque el reto como siempre será en la reglamentación y ejecución de las normas, para que sea efectiva y respete la libertad de cultos que protege la constitución.

Después de hacer el análisis de Eichel, mi conclusión es que mi comunidad Muisca tenía algunos componentes sectarios, pero difícilmente podría considerarse una secta. Digamos que tenía algunos ingredientes de una secta, pero no el nivel de organización y disciplina que tienen las sectas más peligrosas. La Gnosis por otra parte, yo diría que es más bien una franquicia de sectas. No hay mucha información de cómo funcionaba el círculo privado de Samael Aun Weor mientras vivía, pero todo parece indicar que se trataría de una secta en toda regla.

Lo que pasa es que toda la doctrina gnóstica samaeliana es perfecta para ser utilizada en la formación de una secta y por eso, lo que ha sucedido desde la muerte de Aun Weor, es que sujetos megalómanos, ambiciosos e inescrupulosos, han adoptado la cátedra de Samael, usando las docenas de libros y conferencias que dejó, para crear sus propias sectas y con ellas explotar a miles de personas. Muchas de esas personas, además, llegan a la gnosis en momentos de vulnerabilidad o con problemas de salud mental y se aferran a las promesas de la secta, creyendo que encontrarán la solución a sus problemas.

Aparte de los gnósticos, existen muchas otras organizaciones que utilizan las mismas técnicas y trampas que mencioné, aunque variando la apariencia y el contenido de las enseñanzas. Existen derivaciones de la Gnosis samaeliana como la comunidad Muisca a la que pertenecí, el movimiento MAIS de México, sobre el que conversé hace un tiempo con Amilcar Vargas o la comunidad del templo Sakroakuarius en el departamento de Santander en Colombia.

Otras sectas han adoptado el fenómeno del coaching hecho famoso por Tony Robbins, que mezcla pseudo-psicología con esoterismo, positivismo, la pseudociencia de la programación neurolingüística, supuestos principios cuánticos y nueva era para captar adeptos con promesas de transformarse en la mejor versión de sí mismo y lograr todas las metas de tu vida con solo desearlo.

También quiero compartir mi experiencia con el coaching, pero eso será en un nuevo episodio de Espiritualidad y Ciencia.

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