“Busqué esto para sentirme siempre un poco más libre”
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Javier no iba a permitir que la hiperinflación de los ‘80 frustrara el viaje en velero que tenía programado hacer con sus amigos al terminar su carrera como profesor de Educación Física, y -aunque el grupo no lo acompañó- con una mochila al hombro y el pulgar de su mano más que dispuesto recorrió Brasil. Su siguiente meta fue ir al mundial de fútbol de Italia’90, y luego a los Juegos Olímpicos de Barcelona dos años después. De a poco, fue cumpliendo cada una, incluso -y de manera inesperada- ese viaje en velero que se había cancelado tantos años atrás, aunque en otras aguas. Vivió en Roma, allí se casó y nació su hijo, y la vida lo llevó a enamorarse de una isla brasilera, donde construyó una posada pensando en llenarla con los amigos de Comodoro que vayan a visitarlo. Además de la familia y los amigos, la lista de ‘cosas que se extrañan’ la encabeza la morcilla y el helado de dulce de leche, y esos paisajes únicos de la Patagonia, donde la inmensidad es protagonista. Y si, también cuenta que extraña un poco el viento, y asegura que los comodorenses siempre lo llevamos con nosotros, a cualquier lugar a donde vayamos, esos “gestos” -como sostener las puertas de los autos cuando las abrimos- que evidencian que las ráfagas siempre serán parte de nuestra vida.

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